
El mejor teólogo es el que explica
la teología como Jesús,
con las palabras y a través
de los hechos de la vida cotidiana.
Si nos aferramos a los símbolos,
olvidaremos la realidad
que encierra el símbolo.
Es preciso que despertemos
a la idea de que la religión
puede ser muy dañina
si en ella no está la realidad,
la vida.
Porque la vida y la realidad
nos muestran la verdad.