jueves, 7 de enero de 2016

INMUNIZACIÓN.

Para sorpresa de todos, al Maestro no parecía producirle demasiado entusiasmo la idea de la educación religiosa de los niños.

Cuando le preguntaron la razón de ello, respondió: "Vacunadles cuando sean niños y les impediréis contagiarse cuando crezcan."

AUTONOMÍA.

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El Maestro parecía absolutamente insensible a lo que la gente pensara de él. Cuando los discípulos le preguntaron cómo había alcanzado tal grado de libertad interior, él soltó una carcajada y dijo: "Hasta que tuve veinte años, nunca me preocupó lo que la gente pudiera pensar de mí. A partir de los veinte, me preocupaba constantemente lo que pudieran pensar mis vecinos. Pero un día, después de cumplir los cincuenta, de pronto comprendí que ellos difícilmente habían pensado alguna vez en mí."

PERSPICACIA.


Los discípulos se hallaban enzarzados en una acalorada discusión acerca de la causa del sufrimiento humano.

Unos decían que la causa era el egoísmo. Otros, que el error. Y otros, por último, que la incapacidad para distinguir lo real de lo irreal.

Cuando le preguntaron al Maestro, éste dijo. "Todo sufrimiento proviene de la incapacidad para sentarse tranquilamente y estar solo".

viernes, 1 de enero de 2016

RECONOCIMIENTO.

Cuando el Maestro se hizo viejo y enfermó, los discípulos no dejaban de suplicarle que no muriera. Y el Maestro les dijo: "Si yo no me voy, ¿cómo podréis llegar a ver?"

"¿Y qué es lo que no vemos mientras tú estás con nosotros?", preguntaron ellos.

Pero el Maestro no dijo una palabra.

Cuando se acercaba el momento de su muerte, los discípulos le preguntaron: "¿Qué es lo que vamos a ver cuando tú te hayas ido?"

Y el Maestro, con una pícara mirada en sus ojos, respondió: "Todo lo que he hecho ha sido sentarme a la orilla del río y daros agua. Cuando yo me haya ido, confío en que sepáis ver el río".

CAMBIO.


El visitante, un historiador, estaba dispuesto a mostrarse discutidor.

"¿Acaso nuestros esfuerzos no cambian el curso de la historia humana?", preguntó.

"¡Oh, sí, claro que lo hacen!", dijo el Maestro.

"¿Y no han cambiado la tierra nuestros trabajos humanos?2

"Ciertamente lo han hecho", respondió el Maestro.

"Entonces, ¿por qué te empeñas en enseñar que el esfuerzo humano es de escasa importancia?"

"Porque, cuando el viento amaina", dijo el Maestro, "las hojas siguen cayendo".

SEPARACIÓN.

Las enseñanzas del Maestro no le habían gustado nada al Gobierno, el cual le había desterrado del país.

Cuando los discípulos le preguntaron si nunca sentía nostalgia, el Maestro les dijo: "No".

"¡Pero es inhumano no echar en falta la propia patria!", protestaron ellos.

A lo cual respondió el Maestro: "Cuando descubres que la creación es tu patria, dejas de ser un exiliado".

PERSPECTIVA


El Maestro se encontraba de especial buen talante y los discípulo se mostraban curiosos. Le preguntaron si alguna vez se había sentido deprimido.

Sí, alguna vez.

Insistieron en preguntarle si no era también verdad que se hallaba en continuo estado de felicidad.

Efectivamente, así era.

Ellos quisieron saber cuál era el secreto.

Y el Maestro dijo: "Este es el secreto: todas las cosas son lo buenas o malas que uno crea que lo son".