No era difícil ver al Maestro tratando, una y otra vez, de disuadir a sus discípulos de que dependieran de él, a fin de no impedirles entrar en contacto con la Fuente interior.
Y fueron muchas las veces que se le oyó decir: "Hay tres cosas que si están demasiado cerca hacen daño y si están demasiado lejos son inútiles, y que por eso conviene que estén a media distancia: el fuego, el gobierno y el guru".
A los discípulos que deseaban saber qué clase de meditación practicaba él todas las mañanas en el jardín les dijo el Maestro: "Si observo con atención, veo el rosal en plena floración".
"¿Y por qué hay que observar con atención para ver el rosal?", preguntaron ellos.
"Para ver el rosal", dijo el Maestro, "y no la idea preconcebida que uno tiene del rosal".
Los discípulos estaban enzarzados en una discusión sobre la sentencia de Lao Tse:
"Los que saben no hablan;
los que hablan no saben".
Cuando el Maestro entró donde ellos estaban, le preguntaron, cuál era el significado exacto de aquellas palabras.
El Maestro les dijo: "¿Quién de vosotros conoce la fragancia de la rosa?"
Todos la conocían.
Entonces les dijo: "Expresadlo con palabras".
Y todos guardaron silencio.
Los discípulos buscaban la Iluminación, pero no sabían en qué consistía ni cómo podía llegarse a ella.
El Maestro les dijo: "No puede ser conquistada. No podéis apoderaros de ella".
Pero, al ver el abatimiento de los discípulos, el Maestro añadió: "No os aflijáis. Tampoco podéis perderla".
Y esta es la fecha en que los discípulos andan buscando lo que ni puede ser perdido ni puede ser adquirido.
A un discípulo que venía de un lejano país le preguntó el Maestro: "¿Qué andas buscando?"
"La Iluminación".
"Tú ya tienes tu propio tesoro. ¿Por qué buscas en otra parte?"
"¿Dónde está mi tesoro?"
"En esa misma búsqueda que ha florecido en ti".
En aquel momento el discípulo quedó iluminado. Años más tarde diría a sus amigos: "Abrid vuestro tesoro y disfrutad de sus riquezas".
A un visitante religioso que estaba hecho un manojo de nervios le preguntó el Maestro: "Por qué estás tan inquieto?"
"Tengo miedo de no alcanzar la Salvación".
"¿Y qué es la Salvación?"
"Moksha... Liberación... Libertad..."
El Maestro rió de buena gana y dijo: "¿De manera que estás obligado a ser libre? ¿Tienes forzosamente que ser liberado?"
En aquel instante, el visitante se tranquilizó y perdió el miedo para siempre.
Una angustiada pareja se lamentaba ante el Maestro de que su hijo había abandonado las tradiciones religiosas de la familia y se había convertido, según él, en librepensador.
Y el Maestro le dijo: "No os preocupéis. Si el muchacho piensa realmente por sí mismo, es seguro que el Poderoso Viento habrá de desatarse y le llevará al lugar al que pertenece".