Todo el mundo sabía que el Maestro estaba de parte de los revolucionarios, aun a riesgo de suscitar las iras del Gobierno.
Cuando le preguntaron por qué no se comprometía activamente en la revolución social, respondió con este enigmático proverbio:
"Siéntate tranquilamente
y no hagas nada.
La primavera llega
y la hierba crece".
El Maestro paseaba por la orilla de un río en compañía de algunos de sus discípulos.
"Fijaos", dijo, "cómo los peces brincan constantemente allá donde les apetece. Así es como de verdad se divierten".
Un extraño, que oyó por casualidad estas palabras, dijo: "Y cómo sabes tú qué es lo que les divierte a los peces si no eres un pez?"
Los discípulos se quedaron boquiabiertos, porque aquello les pareció una auténtica insolencia. El Maestro, sin embargo, sonrió ante lo que, para él, era producto de un audaz espíritu de indagación.
"Y tú, amigo", replicó afablemente, "¿cómo sabes que yo no soy un pez si tú no eres yo?"
Los discípulos estallaron en carcajadas, pensando que le había dado su merecido. Tan sólo el extraño quedó impresionado por la profundidad de la réplica.
Se pasó el día pensando en ello y, por fin, fue al monasterio a decirle al Maestro: "Tal vez no seas tan diferente de los peces como yo creía... O quizá no sea yo tan diferente de ti".
A los discípulos les intrigaba el que el Maestro, que vivía con tanta sencillez, no condenara la riqueza de algunos de sus seguidores.
"Es raro, pero no imposible, ser rico y santo a la vez", dijo en cierta ocasión.
"¿Y cómo?"
"Cuando el dinero produce en el corazón del rico el mismo efecto que la sombra de aquel bambú produce en el patio".
Los discípulos volvieron la cabeza y vieron cómo la sombra del bambú barría el suelo del patio sin levantar una sola partícula de polvo.
El expansivo estado de ánimo del Maestro dio ánimos a sus discípulos para preguntarle: "Cuéntanos qué es lo que has obtenido de la Iluminación. ¿Tal vez te has hecho divino?"
"No."
"¿Te has hecho santo?"
"No".
"¿Qué te has hecho, pues?"
"Despierto".
"¿La salvación se obtiene a través de la acción o a través de la meditación?"
"De ninguna de las dos maneras. La salvación proviene de la capacidad de ver".
"¿Ver qué?"
"Que el collar de oro que deseas adquirir cuelga ya alrededor de tu cuello. Que la serpiente que tanto pavor te infunde no es más que un trozo de cuerda en el suelo".
"¿Cómo puedo librarme del miedo?"
"¿Cómo puedes librarte de aquello a lo que te aferras?"
"¿Pretendes acaso insinuar que en realidad me aferro a mis propios miedos? No puedo estar de acuerdo con eso".
"Piensa qué es aquello de lo que tu miedo te protege y estarás de acuerdo. Y podrás ver además tu insensatez".
A un tímido discípulo que quería obtener seguridad en sí mismo le dijo el Maestro: "Tú tratas de encontrar certeza en los ojos de los demás, pensando que en eso consiste la seguridad en uno mismo".
"Pero, entonces, ¿no tengo que conceder importancia a la opinión de los demás?"
"Al contrario. Pondera todo lo que digan, pero no te dejes controlar por ello".
"¿Y cómo se rompe el control?"
"¿Y cómo se rompe un espejismo?"