jueves, 2 de enero de 2014

QUITAR LA CAMPANILLA AL TIGRE.

En el siglo X, el eminente monje Fa-Yan dirigía un templo budista que se alzaba cerca de una ciudad del sur de China. En ese mismo templo vivía el honesto monje llamado Tai-Quin, que era despreciado por ser un poco descuidado.
Una vez, después de las oraciones diarias, Fa-Yan preguntó a sus hermanos de monasterio:
— Si un tigre aparece con una campanilla atada al cuello, ¿quién podrá desatarla?

Todos se quedaron perplejos, pues desatar la campanilla del cuello del tigre sería una temeridad. El tigre es una animal muy temido en aquellas latitudes. Es imposible que una persona pueda acercarse a su cuello para quitarle un cascabel. Por este motivo, aunque pensaban y pensaban, nadie se atrevía a dar una respuesta válida.
En ese momento entró el monte Tai-Quin, y el eminente religioso repitió la pregunta.

El monje que acababa de entrar respondió con la punta de la lengua:
— La campanilla debe ser desatada por quien la hubiera atado.
Esta frase se tornó en un proverbio para el pueblo, por eso en China la gente no dice: “Debe resolver el problema quien lo creó”, sino que utiliza el dicho “la campanilla debe ser desatada por quien la ha atado”.
Una de las primeras muestras de coherencia que siempre deben dar las personas es ser responsables de sus actos.
Popular chino

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