un pañuelo, limpió el vidrio. Ahora se podía ver nuevamente toda
la belleza exterior. No siempre es así, muchas veces el vidrio no se
empaña. Otras veces, uno mismo tiene que limpiarlo y humedecerse
las manos. Pero ella ya no pensaba en eso. Continuó mirando por su
ventana que nuevamente se volvía a empañar pero, se la podía volver a
limpiar. Ya llegará un momento en que por un tiempo, el vidrio no se
empañe más. Pero esa no era su preocupación, ya que siempre el vidrio
empañado, se puede limpiar.
Los Evangelistas nos hablaron de un Jesús que usaba las parábolas para explicarnos la realidad del Reino de Dios. Espero que estos cuentos os puedan conducir al mismo destino.
viernes, 7 de febrero de 2014
EMPAÑADO.
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